Mari era la única fuente de vida. Tomaba su energía de manantiales y pozos, del sol, de la luna y de la tierra húmeda. Este conjunto de símbolos reprenta un tiempo mítico que es cíclico. En el arte esto se manifiesta en signos de movimiento: telarañas en espiral, serpientes enroscadas y ondulantes, círculos crecientes y semillas germinadas. La serpiente era en este contexto el símbolo de la energía vital y la regeneración y era un animal de lo más benévolo.
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